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amapolas

Amapolas

Creí conocer la vida y la muy puta, no deja de sorprenderme.

Hoy hay un montón de gente por casa y el alboroto es incesante. ¡Así no hay quien se escuche pensar! ¿Quién me iba a decir a mí, que, a mis setentaitantos, me echaría novio? ¡Ay, si mi pobre madre levantase la cabeza, se volvía a morir del escándalo! Antes, una tenía que llevar el luto hasta su muerte, hoy ya no. Hoy te puedes ir con el vecino de enfrente, que está bien visto y, adiós muy buenas.

Lo que más desearía en este momento, es que me dejasen sola, porque estoy tratando de contar mi historia y con mis hijos, nietos y biznietos, dando vueltas por aquí, no hay manera de atinar. Mira que les quiero con locura, pero me dejan la cabeza trastorná, sobre todo, los más jóvenes. Ya pasé mi juventud criando niños, ya no estoy pa’ tanto crío.

Como os decía, me he ennoviao.

No es que vayamos a hacer grandes cosas juntos, sobre todo porque los dos estamos para que nos lleven a la chatarrería. Más bien, se trata de hacernos compañía, aunque el mu joío dice que pa’ compañía, mejor comprar un canario.  Es muy pícaro el elemento este, pero me hace reír muchísimo.

Bueno, si queréis que os sea franca, eso de intimar…. todavía no hemos intimao. Es que yo, no lo veo, la verdad. Por mucha pastillita azul y leches, yo ya no… A ver, yo sé que un hombre es un hombre y será un hombre toa su vida, pero yo, nada más que de pensar en aquello, colgandero y tó chuchurrío… como que se me corta tó.

Y hablando de ver, teníais que haber visto la cara de mis hijos cuando se lo conté. Yo no quería, pero es que me pillaron. Me vieron tomando café con churros acompañada de un señor un tanto meloso… ¡y vieron que yo le correspondía! Parecía una adolescente, ¡qué bochorno cuando aparecieron con la sonrisa de lado! Antes no me importaba que vinieran sin avisar, pero ahora… ¡Ay madre, qué vergüenza! ¡Pillada por mi hijo y mi nuera! Me puse tan nerviosa que se me olvidó hasta el nombre de todos los presentes.

Total, que uno de mis hijos me pilló in fraganti y la noticia corrió como la pólvora entre el resto. Ya todos querían conocerle fascinados con la idea.

Mis nietos me dicen que ole yo por volverme moderna y que ya mismo me regalan un móvil con guasa de ese, como si yo no tuviera suficiente cachondeo ya, que tengo a mi familia y a tó el barrio loco.

Mis amigas –¡uy, mis amigas! Las muy putas–, a ellas sólo les gusta el chismorreo y el enterarse de tó. Antes, apenas venían a verme y ahora, parece que tienen fichao el coche del Alfonso que cuando llega, ya están tocando el timbre pa’ ver si las invito a café y husmearlo tó.

Por cierto, no os he contado que hoy es mi cumpleaños y que va a ser la primera vez que Alfonso conozca a toda mi familia. En estos últimos meses, no que querido presentarles por miedo a que no encajasen bien, aunque Alfonso, tenía muchas ganas de dar el paso. Confieso que estoy muy nerviosa (parezco una chiquilla).

Esta mañana me levanté temprano y fui a la peluquería. Después, mi hija y mi nuera me ayudaron a escoger la ropa, porque nada de lo que a mí me gustaba, les parecía bien. Además, me puse la gargantilla y la pulsera que me regalaron esta mañana y me pinté los labios. La verdad es que mis hijos parecen más nerviosos que yo y eso, que yo no atino a ponerme bien los zapatos.

Nada más aparecer el coche de Alfonso, ya tengo a cuatro vecinas asomadas a la ventana. ¡Menudo cachondeo tienen, con el pretendiente! Una de ellas, no me lo dice, pero yo sé que le da coraje que haya emparejado, a mis años. La conozco y se lo noto en el tonito de voz y en la mirada. Lo que pasa, es que yo me hago la tonta y no entro al trapo. Los años me han enseñado a evitar las peleas que no llevan a ningún lugar. Además, siendo sincera y aunque esté mal visto decirlo, para lo joven que es, ya podría follar más y amargarse menos, porque se pasa la vida asomá a la ventana a ver de qué chisme puede enterarse. ¡Eso no es vida!

Si es que, ya lo decía mi madre que en paz descanse: en esta vida hay mucha envidia. Basta con que a una la vean bien, pa’ querer meterse de por medio. Aquí, son toas unas chismosas, por eso estoy harta de la gente.

La gente puede llegar a hacer mucho daño. A mi madre, poretica, la tenían amargá en el pueblo. Por entonces, no estaba bien visto ser madre soltera y le tocó realizar todos los trabajos que nadie quería por cuatro perras de mierda, que no nos llegaba ni pa’ un puchero. Fueron tiempos muy duros, una infancia triste la mía.

La postguerra siempre es una cuesta empinada repleta de piedras, envidias y muerte. Pese a ello, mi madre, que era una mujer muy culta, solía decir que las amapolas, conservan el significado de la vida. Explicaba que su existencia es efímera, su belleza, no tiene parangón y que es tan frágil y delicada, como un buen beso. Creo que era su forma de hacer más liviana su carga.

Solía decir, que somos amapolas que crecen en un inmenso prado. El sol nos baña, el viento nos mece, la lluvia nos alimenta. Vivimos bien, en nuestro pequeño segmento de hierba, ajenos a todo cuanto nos rodea. Con suerte, nos libraremos de que algún imbécil cegato nos pise, y el tiempo nos volverá marchitas y sabias. Con menos suerte nos pisarán, pero habremos regalado al mundo un poco de belleza.

No sé, depende de cómo nos vaya a mi Alfonso y a mí, puede que se me vaya del tó la cabeza y me vuelva moderna del todo. A lo mejor me termino haciendo uno de esos tatuajes con la forma de una amapola en el pecho, pa’ recordarla a ella, que en paz descanse.

Hasta ahora, jamás me había parado a observarlas detenidamente. No sé por qué me acuerdo tanto de mi madre últimamente, ni por qué escucho sus palabras dentro de mi cabeza. Sólo siento que, con este hombre, me he quitado un gran peso que me aprisionaba el pecho. Siento que, desde que le conocí a él, me cuesta menos levantarme por las mañanas y de reír y disfrutar de lo que me queda de vida. La soledad es muy mala, parece que no, pero es muy mala.

En fin, hoy es un día de fiesta para nosotros y mi pretendiente ¡ya está aquí! Me hace mucha ilusión agarrarme del brazo de mi Alfonso y que mi familia y él, coman y beban juntos, en el día de mi cumpleaños.

Yo sólo digo que, si la gente quiere mirar, que miren y si quieren hablar, que hablen. Lo mismo, de aquí a un tiempo, me hago famosa y hasta salgo en las revistas. ¡Qué más da!

Yo soy feliz así que, al que le guste bien y al que no, también.

He dicho.

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Pilar Ortiz
Amante de las buenas historias, fruto de una imaginación desbordante. Apasionada, descriptiva y muy visual. Sus cualidades sólo son superadas por sus ganas de aprender y perfeccionarse en el arte de la escritura.
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