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ciudad secreta

Ciudad secreta

La madrugada me trae de vuelta a una habitación a oscuras. Afuera hace frío y llueve. Observo el vaho de la ventana y esa cualidad, extraordinaria, de dispersar la luz de la farola para crear así, una micro-ciudad secreta atrapada en el vidrio. Pienso que quizá, las historias se escriban de otra manera allí.

Un hilillo de brisa juguetea con la cortina y me hace estremecer. Es recurrente esta sensación de tremenda sed, como si en mi garganta cabalgase al galope un purasangre a través del desierto. Me pregunto qué tendrán de especiales algunas noches para extrapolarme del sueño y como de costumbre, sólo el incesante zumbido del frigorífico es capaz de darme un argumento.

Demasiado lejos del amanecer, volver a la cama es dar un millón de vueltas para no moverse del sitio y acomodarse en el salón, es recorrer los canales de tele-tienda como si mis dedos fueran una estampida de ñus. Leer es contemplar un papel cuyas palabras parecen hacerse cada vez más y más pequeñas, hasta escapar del libro y escribir, es dejarse un micrófono desconectado en el salón de una casa abandonada. No puedo captar ni engendrar nada.

A estas alturas de la inutilidad, queda abrigarse y calzarse las botas de agua. Caminar bajo la lluvia siempre apacigua el ánimo. Yo, que me dejo secuestrar por el silencio, agradezco la banda sonora que guía mis pasos. No me preocupa no tropezar con nadie. Únicamente deseo respirar esta ciudad como si sólo fuese mía. Evitar miradas intrigadas y conversaciones impertinentes. No necesito a nadie en este momento. Me necesito a mí.

Volver a casa con el alba ya arañando el cielo y el pelo húmedo. Sigo jugando en los charcos cuando nadie me ve. Encontrarme con los restos de la noche exasperada y sola, casi echándome en cara mi ausencia. Sonreír porque las paredes empiezan a teñirse de otro color mientras subo las persianas. Besarme los dedos y posarlos sobre el vaho del cristal a modo de despedida. Fingir que la diminuta ciudad secreta ha vuelto a su plano de magia y abrir las ventanas, para que el gélido amanecer se lleve a los fantasmas de una noche de insomnio.

Imagen libre de derechos.
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Pilar Ortiz
Amante de las buenas historias, fruto de una imaginación desbordante. Apasionada, descriptiva y muy visual. Sus cualidades sólo son superadas por sus ganas de aprender y perfeccionarse en el arte de la escritura.
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