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Las Aventuras de la Albondiguilla con Coleta

Cuesta arriba, no mires abajo.

Afianzar un hábito requiere de constancia. Hasta ahora, había sigo algo muy difícil para mí. El gimnasio, ese lugar al que, para ir, tienes que preparar una mochila, echar a andar, llegar, cambiarte y ponerte a utilizar unas máquinas monstruosas para acabar poniéndote  roja como un tomate. Empezar a sudar y a sudar… quedarte sin respiración y disimular, porque siempre hay alguien bien experimentado que presume de gracilidad mientras que, para sus adentros, se burla de tu sufrimiento. O eso te dice tu subconsciente. Subconsciente hijo de puta, porque siempre es un hijo de puta que trata de sabotear todos tus intentos de progreso.

Ir al gimnasio siempre ha sido, dicho de manera soez, un coñazo para mí. En mi caso, los cambios que he realizado (o que he intentado realizar) para mejorar mi salud, mi autoestima o para cualquier progresión que, a mi parecer, necesitaba, siempre se han desinflado con demasiada facilidad. Crear un nuevo hábito con el fin de mejorar, era como mirar la cima de una montaña desde su base. Escarpada, sin un camino recto y seguro que seguir sino más bien, infinitud de retorcidos senderos que empezaban y terminaban a voluntad. Puede que mi vida, en sí misma, haya sido un saltar de sendero en sendero, sin mirar muy bien a dónde ir, moviéndome por el puro placer de moverme y caminar sin una meta definida. Por eso quizás, esa cima de la montaña parecía ser simplemente inalcanzable.

Daba igual la gente que me apoyara en mis intentos de cambiar algún aspecto de mi vida. Siempre me auto-saboteaba. Sin embargo, algo ha cambiado. Hablar de ello por aquí me ayuda a no abandonar. Crear a la Albondiguilla con Coleta me da fuerzas para acudir a mi cita una semana tras otra. Me sienta bien verme reflejada en el espejo como una caricatura de mí misma. Comprender que son esos miedos los que impiden que valga la pena vivir y ¿quién sabe? Puede que algún día logre deshacerme de ellos y encontrar la forma de escalar esa montaña sin tropezarme con senderos que no llevan a ningún lugar.

Quizás algún día, la vida empiece a tornarse como algo real y no como la neblina que estropea la vista de un hermoso amanecer.

Puede que algún día, no necesite de la Albondiguilla con Coleta para hacer las cosas por mí misma.

Si rompo o no, la cáscara de huevo, el tiempo dirá.

Imagen destacada: Jacoba Niepoort

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Pilar Ortiz
Amante de las buenas historias, fruto de una imaginación desbordante. Apasionada, descriptiva y muy visual. Sus cualidades sólo son superadas por sus ganas de aprender y perfeccionarse en el arte de la escritura.
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