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Las Aventuras de la Albondiguilla con Coleta

Altibajos

Estas dos últimas semanas han sido bastante difíciles. La motivación ha estado saltando de de aquí para allá como una loca. Digamos que, a momentos eufórica a momentos depresiva.

La semana pasada me sentía más cansada de lo habitual y sin demasiado entusiasmo para terminar de fundirme las pilas en el gimnasio. Fue necesario un plus de fuerza de voluntad por mi parte pero gracias a eso, conseguí alcanzar el objetivo y además, asistí por vez primera a una clase de aero-dance (¿qué carajo era eso?).

Aero-dance consistía en aprender una coreografía pasito a pasito y repetirla una y otra vez con la música tan alta, que tus tímpanos quieren saltar por la ventana para salvar la vida pero oye, está guay, te ríes y eso.

Cuando me metí en la clase, no podía dejar de visualizar al icono de la gitanilla del whatsapp e imaginarme con el abanico, los tacones y las enaguas a lo Marilyn Monroe en mitad de la ventolera. También me visualicé en el espacio, a cámara super-lenta, con la gracilidad de una grulla hecha de hormigón… pero no, aunque la clase no alcanzó las expectativas soñadas, fue entretenida. No obstante, todavía no siento la llamada hacia este tipo de actividades.

Por cierto, la Albondiguilla con Coleta acaba de cumplir un mes y justo ha tenido que suceder en esta semana: no he llegado al objetivo. Podéis echarme la peta, me lol merezco, sólo he ido un día al gimnasio.

Sabía que esto sucedería tarde o temprano. Me cuesta ser constante pero puedo remontar. No tiro la toalla, simplemente, he pasado un par de semanas durillas. Mucho estrés, poco tiempo para mí, ganas de hacer otras cosas… Lo bueno de la vida es que es un puro cambio tras otro, de modo que hay que dejarse llevar. Esta nueva semana, habrá que ponerse las pilas y remontar.

He de decir que en este mes ya he notado algunos cambios con respecto a mis experiencias pasadas durante estos últimos meses en los que, más que ir al gimnasio, lo pagaba por verlo feliz. Os cuento:

La clase de yoga sigue siendo dura, pero he mejorado en equilibrio, flexibilidad y me salen unas torsiones la mar de apañás. Todavía tengo que ganar bastante fuerza para poder hacer los pinos pero no desisto en el intento.

El viernes acudí a clase de spinning y coincidió que la daba el monitor con el que realicé mi primera clase, hace unos meses. He probado con otros dos monitores en todo este tiempo y verifico que, de los tres, él es el más duro y por eso, me gusta más.

Como os decía, la clase del viernes fue un buen momento para comparar mi estado físico durante mi primera clase de spinning y la última. Recuerdo que aquella vez, me balanceaba de un lado a otro junto con el peladeo. Me era imposible mantener mi tronco recto y el sillín me resultada sumamente incómodo. Acabé con un dolor de hombros impresionante y sudé lo que no está en los escritos.

Durante esta última clase no sudé tanto. De hecho, mi camiseta tenía el aspecto de estar seca. La verdad es que esto no me agradó mucho, porque me esforcé durante toda la clase y siempre es una recompensa ver el surco de tu sudor en tu camiseta. Bueno, quizás la próxima vez aunque es posible que se deba a que ahora, he ganado en resistencia.

Como os decía, durante esta última clase, me di cuenta de que mi tronco ya no baila al son de mis piernas y puedo mantenerme erguida, sin esfuerzo. Me puse a pensar en el movimiento de mi primer día y en que debí de dar una imagen bastante mala o más bien, de persona que no se ha subido a una bicicleta en su vida.

También me acordé de las dos únicas veces en las que me subí a un toro mecánico y de por qué juré no volver a hacerlo en lo que me quedaba de vida. Exactamente sucedió, después de que me cayera el trasero de una amiga en la cara y de creerme que me había roto la nariz. Fue muy doloroso y mi movimiento sobre el toro mecánico debió de ser hipnótico. Fugaz pero hipnótico. Era algo así como cuando pones un flan boca abajo sobre un plato, le quitas el envase y mueves el plato. Así era yo… y todavía me parezco bastante, jajaja.

En fin guisantes, hasta aquí las Aventuras de la Albondiguilla con Coleta. La próxima semana más y mejor.

¡Que descanséis!

Imagen destacada: Lighane’s Artblog

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Pilar Ortiz
Amante de las buenas historias, fruto de una imaginación desbordante. Apasionada, descriptiva y muy visual. Sus cualidades sólo son superadas por sus ganas de aprender y perfeccionarse en el arte de la escritura.
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