Categorías: Escritos Relatos
Lo acepto
Lo aceptoLo acepto.

Me vuelvo hacia adentro, soy instante.

Me deshago en espuma y vapor de vaho. Respiro, estoy muriendo.

Aparezco en mitad de un anhelo que se desangra, lentamente, sobre todos los debería que pude hacer y no obstante, no realicé. Callo y respiro escarcha.

Me siento tibia, empapada en la hiel que emborracha los fragmentos de mis amores pasados. Flota el resentimiento alrededor de ellos, como si fuera un iceberg famélico, abandonado a su suerte. Tiemblo.

Me cobijo entre los recovecos de un puñado de lágrimas que no fui capaz de liberar y me duermo. Pasa el tiempo, envejezco. Amanezco desnuda a los pies de un amanecer que ahuyenta al miedo. Siento calma.

Miro hacia abajo, y en mi periferia descubro mi inexistencia, a través del Soy más puro. Exploro lo que percibo, deslumbro. Libre al fin, del dolor, la pena y la culpa. Comprendo el camino, deshojada del apego. Lo acepto.

Fluyo.

Imagen: Daniel Kordan

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Seamos

SeamosSeamos.

Quédate conmigo. A veces no soporto el silencio que me oprime cuando estoy sola. Siempre aparece abarrotado de palabras audibles. Voces que se solapan las unas con las otras, en busca de mi atención, cuando yo sólo anhelo respirar el sosiego del vacío… Quédate, pues con tu presencia todo es más fácil. Contigo puedo enmudecer a las ideas que me alejan de mi propósito. Soy capaz de contemplar la inmensidad del mundo sin sufrir de vértigo y volar, ya que me sostiene la suave placidez de tu mano. A tu lado al fin, me relajo.

Contigo desalojo a las palabras que no sirven para nada y consigo que todo discurra con naturalidad, como tiene que ser. Dejo de preocuparme por el mañana y el ayer se enreda en el pasado hasta morir en él. Me quedo a solas con mi subconsciente y gozo al ver cómo se ilumina. Sonrío, porque alcanzo nuevos matices con los que decorar mi alma y porque tú estás a mi lado, equilibrándome. Compartiendo la delicada esencia del momento presente sin dañarlo. Haciendo del espacio, el propio espacio del ser.

Quédate, seamos luminiscencia. Empecemos a llenar de amor todos los instantes de esta vida.

Seamos.

Imagen: Mikeila Borgia

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Sabotaje
SabotajeSabotaje.

Sabotaje es rondar por mi mente y descolgarse de suspiros. Es trepar por mis ansias y deslizarse por los pliegues de mis dudas. Es besar cada defecto para volverlo valioso e imprescindible. Es iluminar con nuevos soles, las cavernas dónde duermen mis miedos. Es abrir las ventanas dónde apilo mi certidumbre, para que el viento la desordene. Es desprenderse de las imágenes que identifico conmigo, para buscar quién vive en realidad, debajo de tantas pieles.

Sabotaje es aprender a liberarse del miedo cuando ya no sé quién soy y sentirse libre, cuando comprendo que no me importa. Es cuestionarse que quizá, yo no tenga la razón en todo y que muy posiblemente, nada de lo que yo sepa, sea verdad.

Sabotaje es emprender un viaje sin retorno en busca y rescate, de lo mejor de mí. Es mostrarte mi peor parte y también, la más frágil, para que, pese a ellas, tú me sigas amando. Es abrazar el día a día, a sabiendas de que sólo el ahora me pertenece.

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El autobús

El autobúsEl autobús.

Cuando anochece en la ciudad, parece que la vida se apresure a esconderse. Granada se viste de tenues luces mientras sus calles son recorridas por personas que caminan deprisa y suben en autobuses con destino a casa. Son autómatas que celebran con un suspiro y una sonrisa en los labios, unas leves horas de restringida libertad.

Yo también esperaba al autobús en aquél crepúsculo. Como muchos otros, trataba de no mirar a nadie a los ojos y me entretenía recorriendo con la vista, las juntas de las baldosas. Ver pasar los coches es aburrido, tanto si esperas como si no. Traté de escuchar el canto de las aves por encima del ruido, pero éste lo ahogaba con su vaporoso sabor a alquitrán.

Al fin llegó mi transporte. Me abroché el abrigo y subí a aquél autobús con destino a mis paisajes. Para mí, la ciudad ya no tenía más significado que el de ser un lugar de paso. Me observé las manos. Estaban frías y enrojecidas. Fuera, sólo fragmentos de mi reflejo me devolvían la mirada a través del vidrio. Se trataba de una mirada cansada y perdida, ausente… En el fondo sé que yo no existía para ella.

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Postal

1425299656542
A ti,
que eres instante vestido de blanco sobre el manantial de mi recuerdo. Que eres bruma y esperanza muerta, bailando estéril, en el ocaso de mis días espectrales…
A ti,
que haces de mi nombre, tu ataúd lacrado. Que viertes sangre negra en la copa que bebes. Que has hecho desprenderse de los labios la mentira y con ella, has tejido mi sudario.
A ti,
que eres raíz enferma de la falacia, vete. No puedo amar a quien me hace daño.