Categorías: Escritos Relatos
Seamos

SeamosSeamos.

Quédate conmigo. A veces no soporto el silencio que me oprime cuando estoy sola. Siempre aparece abarrotado de palabras audibles. Voces que se solapan las unas con las otras, en busca de mi atención, cuando yo sólo anhelo respirar el sosiego del vacío… Quédate, pues con tu presencia todo es más fácil. Contigo puedo enmudecer a las ideas que me alejan de mi propósito. Soy capaz de contemplar la inmensidad del mundo sin sufrir de vértigo y volar, ya que me sostiene la suave placidez de tu mano. A tu lado al fin, me relajo.

Contigo desalojo a las palabras que no sirven para nada y consigo que todo discurra con naturalidad, como tiene que ser. Dejo de preocuparme por el mañana y el ayer se enreda en el pasado hasta morir en él. Me quedo a solas con mi subconsciente y gozo al ver cómo se ilumina. Sonrío, porque alcanzo nuevos matices con los que decorar mi alma y porque tú estás a mi lado, equilibrándome. Compartiendo la delicada esencia del momento presente sin dañarlo. Haciendo del espacio, el propio espacio del ser.

Quédate, seamos luminiscencia. Empecemos a llenar de amor todos los instantes de esta vida.

Seamos.

Imagen: Mikeila Borgia

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Sabotaje
SabotajeSabotaje.

Sabotaje es rondar por mi mente y descolgarse de suspiros. Es trepar por mis ansias y deslizarse por los pliegues de mis dudas. Es besar cada defecto para volverlo valioso e imprescindible. Es iluminar con nuevos soles, las cavernas dónde duermen mis miedos. Es abrir las ventanas dónde apilo mi certidumbre, para que el viento la desordene. Es desprenderse de las imágenes que identifico conmigo, para buscar quién vive en realidad, debajo de tantas pieles.

Sabotaje es aprender a liberarse del miedo cuando ya no sé quién soy y sentirse libre, cuando comprendo que no me importa. Es cuestionarse que quizá, yo no tenga la razón en todo y que muy posiblemente, nada de lo que yo sepa, sea verdad.

Sabotaje es emprender un viaje sin retorno en busca y rescate, de lo mejor de mí. Es mostrarte mi peor parte y también, la más frágil, para que, pese a ellas, tú me sigas amando. Es abrazar el día a día, a sabiendas de que sólo el ahora me pertenece.

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Serena

mujer_volando_colorUn día me iré de este mundo y de mi presencia hará el viento, mi estela. Musitaré desde las copas de los árboles, mullidos versos en liquen y humedad. Me querré parecer, entonces, a esa melodía que vuelve a mí, para entregarme los sentidos del silencio.

Cuando yo me haya ido, comprendo que el fluir de la palabra ya no irá ligado a los errores cometidos ni a las esperanzas descarnadas. Trascenderá como el agua burbujeante de un volcán submarino, y aparecerá así —como en una explosión—, el brío de una emoción incontenible. Enmudecerán los labios, sollozarán los ojos y del pecho malherido, brotará una flor sedosa, que embriagará a quienes un día, enredaron su mirada entre los recovecos de mis líneas, buscándome… Palpando verso a verso, las curvas de una mente fantasiosa… hasta hallarme en ellas, enredada y complacida. Feliz.

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Paisajes

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Deseo que vengas a caminar junto a mí, a través de un paisaje de ocres y malvas. Acompáñame, me encantaría verte disfrutar del carmesí que decora las hojas de los árboles, de su perfume a vida.

Pasear a tu lado, arropados por el arrullo sosegado de un silencio inmutable, que canta en tonos violáceos, desde la espesura de unos acordes que se vuelven brisa, polen y liquen.
Ven, quiero que admires el dulce aroma a tierra húmeda, reflejado en el agua cristalina. Respira profundamente. Deja que la esencia de todo, emane de ti.

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Declaración

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Muerdo el silencio y de su piel sobre mis labios, el tacto mismo, se transforma en armonía. Renuncio para que mis ojos beban de esta música imperecedera y me vuelvo añil como el tiempo, tiznando de ocres un lienzo hecho de mimbre y de semillas.

Me dejo llevar por el reflejo de una luz que desconoce lo que alumbra, sintiendo, como antaño, la embriaguez de una sonrisa que vuelve suya a quien la toca. Esa caricia desnuda que aflora en los rincones del subconsciente. Ese recuerdo que emana al desdoblarme, como si mi piel y mi alma fueran dos caras del mismo folio y a la vez, nada. Sólo un instante en el vientre del gigante. En la burbuja de casualidades que componen esta realidad incierta —o este sueño ilusorio—.

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