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La niebla (octava parte)
La Niebla (Octava parte)

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Un par de manzanas

En el despacho del alcalde, el suave crepitar del fuego acompañaba el sueño de los ingenuos mientras el tiempo trascurría ajeno a la amenaza que pronto, los sorprendería. Un leño chamuscado rodó hasta estamparse con la pared de ladrillo. El sonido de los troncos al deslizarse sobre las brasas despertó a Francisco quien, sobresaltado, consultó el reloj y descubrió que su turno de vigilancia debió empezar hacía rato. De un brinco, salió de debajo de la capa de abrigos, se estiró, se puso los zapatos y caminó hacia el punto de guardia, junto a la escalera.

Ricardo, sobre la silla, había encontrado la postura perfecta para entregarse a los cálidos brazos de Morfeo. Lo cierto es que antes, permaneció despierto durante muchas horas, preocupado por lo que le hubiese podido pasar a los suyos y nervioso, a su vez, por lo que les tocaría vivir al día siguiente. El cansancio del extenuante día fue pesando en sus párpados, poco a poco. Al principio, tuvo varios sueños ligeros que se transformaron en pesadillas, en cuanto los horrores experimentados aparecían para torturarle. Finalmente, se durmió y no soñó nada más que oscuridad inmensa. Continúa leyendo…

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la niebla (séptima parte)
La Niebla (Séptima Parte)

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El plan

La tercera y última planta del ayuntamiento, había sido cerrada por reformas, varias semanas antes del inicio de la pesadilla. Rosa, don Rodrigo y Francisco, llevaban cuatro días refugiados en el ala oeste de la segunda planta. Para protegerse, habían sellado los accesos al resto del edificio. Todavía continuaban usando el teléfono del despacho del alcalde, para pedir socorro a las fuerzas de seguridad, pero ya en el segundo día de encierro, dejaron de contestar a la llamada incluso, desde Madrid. Los tres supervivientes siguieron llamando al resto de localidades y aquellas que respondieron y prometieron auxiliarles, nunca llegaron.

Desolados y a la espera de ser rescatados en los próximos días, resolvieron conseguir alimento. Para ello, fabricaron una rudimentaria trampa con la que cazar pequeñas aves, sirviéndose de la estructura de unas papeleras metálicas y de los alambres que aseguraban los mástiles de las banderas al exterior de la fachada. Con la ayuda de un mendrugo de pan que Francisco había arrojado a su papelera, consiguieron atraer algunas palomas. Continúa leyendo…

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La niebla sexta parte
La Niebla (Sexta Parte)

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Agallas

—¡Dios, qué asco! ¡Apártese de ahí, inmediatamente! —ordenó con firmeza la mujer que sostenía el arma.

Tardé un segundo en reaccionar, pero los gemidos que subían por la escalera, me hicieron salir del asombro. Sin decir nada, acaté la orden y me aparté a un lado.

Un anciano encorvado salió de detrás de la mujer y corrió a arrastrar los muebles hacia la escalera. Otro hombre de mediana edad, hizo lo mismo. Entonces me di cuenta de que esas personas me estaban auxiliando.

Un motón de muebles bloqueaban la escalera, pero ellos habían apartado los suficientes, para que yo pudiera pasar. Ahora, los dos hombres volvían a apiñar muebles, tratando de taponar el acceso. Sin duda, debieron de escuchar mis gritos.

Volví a observar a la mujer. Ella tenía la mirada fija en la apertura. Su expresión era de absoluta severidad. Continúa leyendo…

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La Niebla (Quinta parte)
La Niebla (Quinta Parte)

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Con mierda en los talones

Los gruñidos y golpes en la puerta duraron unos interminables minutos. Poco a poco, la furia fue apagándose y el pesado silencio, desenvainó su espada de doble filo para dibujar un perfecto círculo alrededor de mi pequeño refugio.

Cuando todo pasó, me senté en el suelo y me llevé una mano al pecho. Estaba siendo el día más intenso de mi vida y lo maldije por ello. Al menos, en aquella pequeña habitación sin ventanas, tenía algo de tiempo para idear un plan. Continúa leyendo…

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La Niebla Cuarta Parte
La Niebla (Cuarta Parte)

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La Llamada

Tenía muchísimo frío, necesitaba refugiarme. Orientado por el sonido de la fuente, adiviné hacia dónde quedaba la entrada al ayuntamiento y dirigí mis pasos hacia allí.

Como era de esperar, el hombre con quien me había citado, no me estaba esperando. Si esta epidemia no lo hubiese pillado a él también por sorpresa, me imagino que me hubiese telefoneado para advertirme. Espero, sinceramente, que él y su familia estén bien y que hayan conseguido escapar del pueblo. Pero, ¿qué ha provocado este infierno?

El chico me dijo que llevaba cuatro días en el baño. Pobre chaval, ver como tu padre se convierte en… ¿en qué se transformó? ¿Qué son? ¿Qué coño les pasa? Estoy recordando al primero que vi en aquel callejón oscuro. ¡Qué horror! Llevaba las tripas fuera, ¿cómo podía seguir viviendo? ¿Cómo podía querer pelear y por qué? ¿Por qué todos ellos aúllan y me persiguen? ¿Y el fuego? Esa gente estaba ardiendo y ni siquiera se inmutaron, ¿acaso existe algo que inhiba el dolor? Continúa leyendo…

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La Niebla Tercera Parte
La Niebla (Tercera Parte)

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Javi

—Gracias a Dios —dije aliviado, bajando el martillo—. Chico, ¿estás bien?

—¿Quién es usted? ¿Dónde está mi padre?

—Me, me llamo Ricardo Gutiérrez, ¿quién es tu padre? —El chico se me quedó mirando desconfiado, sin decir nada—. ¿Cómo te llamas?

—Javi. ¿Eres policía? Continúa leyendo…