Categorías: Escritos Relatos
La Niebla (Quinta parte)
La Niebla (Quinta Parte)

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Con mierda en los talones

Los gruñidos y golpes en la puerta duraron unos interminables minutos. Poco a poco, la furia fue apagándose y el pesado silencio, desenvainó su espada de doble filo para dibujar un perfecto círculo alrededor de mi pequeño refugio.

Cuando todo pasó, me senté en el suelo y me llevé una mano al pecho. Estaba siendo el día más intenso de mi vida y lo maldije por ello. Al menos, en aquella pequeña habitación sin ventanas, tenía algo de tiempo para idear un plan. Continúa leyendo…

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La Niebla Cuarta Parte
La Niebla (Cuarta Parte)

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La Llamada

Tenía muchísimo frío, necesitaba refugiarme. Orientado por el sonido de la fuente, adiviné hacia dónde quedaba la entrada al ayuntamiento y dirigí mis pasos hacia allí.

Como era de esperar, el hombre con quien me había citado, no me estaba esperando. Si esta epidemia no lo hubiese pillado a él también por sorpresa, me imagino que me hubiese telefoneado para advertirme. Espero, sinceramente, que él y su familia estén bien y que hayan conseguido escapar del pueblo. Pero, ¿qué ha provocado este infierno?

El chico me dijo que llevaba cuatro días en el baño. Pobre chaval, ver como tu padre se convierte en… ¿en qué se transformó? ¿Qué son? ¿Qué coño les pasa? Estoy recordando al primero que vi en aquel callejón oscuro. ¡Qué horror! Llevaba las tripas fuera, ¿cómo podía seguir viviendo? ¿Cómo podía querer pelear y por qué? ¿Por qué todos ellos aúllan y me persiguen? ¿Y el fuego? Esa gente estaba ardiendo y ni siquiera se inmutaron, ¿acaso existe algo que inhiba el dolor? Continúa leyendo…

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La Niebla Tercera Parte
La Niebla (Tercera Parte)

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Javi

—Gracias a Dios —dije aliviado, bajando el martillo—. Chico, ¿estás bien?

—¿Quién es usted? ¿Dónde está mi padre?

—Me, me llamo Ricardo Gutiérrez, ¿quién es tu padre? —El chico se me quedó mirando desconfiado, sin decir nada—. ¿Cómo te llamas?

—Javi. ¿Eres policía? Continúa leyendo…

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La Niebla. La tienda de comestibles
La Niebla (Segunda Parte)

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La tienda de comestibles

El vidrio crujía bajo las suelas de mis zapatos. Mis manos sostenían el bote de laca abierto justo detrás de la llama del mechero y así, con mi lanzallamas rudimentario, me dispuse a explorar la tienda.

Dentro, la niebla se había disipado quedando su gélida y fantasmagórica estela, salpicada con el intermitente parpadeo de un tubo fluorescente, medio arrancado del techo. Avancé unos pasos más, esquivando frascos rotos de espárragos y acelgas, latas de tomate y atún, pan de molde…. lo típico que encuentras en un comercio pequeño. Algunas estanterías estaban volcadas. Había huellas de pisadas y manchas de sangre seca, bañadas en leche y refresco, pero ni rastro de ningún cuerpo. Continúa leyendo…

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La Niebla
La Niebla

Una mano sin tres dedos

13 de noviembre de 1969

Era la primera vez que cogía el tren a Burgos. Me había citado en el Ayuntamiento de Colmenar Viejo, con el propietario de un terreno que me interesaba adquirir. Estaba decidido a expandir el negocio familiar construyendo en él, una granja ganadera. No fue muy complicado decidirme. El terreno tenía buena ubicación, el tamaño adecuado, red eléctrica, pozo propio y, además, era urbanizable. Lo único de lo que podía quejarme —si es que realmente podía quejarme de algo—, era de que el camino no estuviese asfaltado. En mi visita anterior, los baches reventaron los amortiguadores de mi coche y eran los responsables de que estuviera, en ese momento, en el taller.

Desde Madrid, el camino en tren se me hizo muy largo. Una espesa niebla impedía ver nada al otro lado de la ventanilla. Dentro, existía cierta tensión entre los pasajeros. Nadie sabía a qué se debía tanta inquietud generalizada. En los periódicos no aparecía ninguna noticia alarmista ni sospechosa. Todo iba bien en el régimen: la economía subía, el paro bajaba. En fin, lo de siempre.

Sin embargo, todos habíamos oído rumores acerca de cierta enfermedad desconocida, que volvía loca a la gente. No soy muy amigo de hacerle caso a las habladurías, pero en esta ocasión, me era imposible ser del todo, ajeno a ellas. Todos habíamos escuchado historias similares acerca de un familiar de un conocido, amigo de unos amigos no muy cercanos, que había sido víctima de esta nueva patología. Las historias eran confusas y solían contradecirse. A veces decían que la persona enfermaba de locura o de rabia, por haber bebido agua no potable. Otras veces, era consecuencia del mordisco de una alimaña tipo murciélago, rata o zorro, dependiendo de la versión. En cualquier caso, no se sabía siquiera, si estos rumores eran verdaderos, pero a todos nos ponían los pelos de punta. Continúa leyendo…